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Cinco pueblos, una memoria, un territorio y muchas razones para encontrarnos.
Una actividad que fortalece la política pública indígena.

En el marco del Proyecto 2795 y como parte del cumplimiento de la Política Pública Indígena, la Mesa Local Indígena llevó a cabo los IV Juegos Tradicionales de los Pueblos Indígenas, un espacio de encuentro, participación e integración que permitió reconocer y fortalecer las tradiciones de los pueblos Pastos, Uitoto, Inga, Muisca y Yacona, presentes en la localidad.
Más que una jornada deportiva y cultural, esta actividad representa un ejercicio de participación comunitaria, reconocimiento de la diversidad y fortalecimiento de la identidad de los pueblos indígenas en el territorio.
En la localidad este 16 de agosto se vivió una jornada especial; la celebración de los IV Juegos Tradicionales de los Pueblos Indígenas, un encuentro que fue mucho más allá de la competencia y que permitió reconocer la riqueza cultural, la memoria y las tradiciones de quienes hacen parte de este territorio.
Los pueblos Pastos, Uitoto, Inga, Muisca y Yacona se encontraron alrededor de sus juegos, sus saberes, sus costumbres y, especialmente
Porque jugar también es una forma de educar.
Jugar es recordar.
Jugar es transmitir conocimientos de una generación a otra.
Y jugar, cuando se hace colectivamente, es también una manera de construir paz;
alrededor de algo que todos tenemos en común; la necesidad de construir comunidad desde el respeto, la solidaridad y el reconocimiento del otro.
Una celebración de la diversidad
Cada pueblo indígena posee una historia, una cosmovisión y unas formas particulares de relacionarse con la naturaleza, la familia y la comunidad. Esa diversidad no debe separarnos; por el contrario, constituye una de las mayores riquezas culturales que puede tener una localidad.
Los IV Juegos Tradicionales permitieron precisamente ese encuentro.
Niños, jóvenes, adultos y mayores tuvieron la oportunidad de compartir un espacio donde las diferencias culturales dejaron de ser una distancia para convertirse en una oportunidad de aprendizaje.
Allí estuvieron presentes las voces de los mayores, la energía de los jóvenes, la curiosidad de los niños y la experiencia de quienes han dedicado buena parte de su vida a conservar y transmitir sus tradiciones.
El juego como memoria viva
En una época en la que muchas de las prácticas tradicionales corren el riesgo de desaparecer frente a los cambios culturales y tecnológicos, recuperar los juegos ancestrales tiene un significado especial.
Cada juego lleva consigo una historia.
Detrás de una actividad aparentemente sencilla puede existir una enseñanza relacionada con el trabajo colectivo, la estrategia, la resistencia, la coordinación, el respeto por las reglas, la solidaridad o la relación con el territorio.
Por eso, conservar estas prácticas no significa mirar únicamente hacia el pasado. Significa también llevar esa memoria hacia el futuro.
Los niños y jóvenes que hoy participaron no solamente jugaron: tuvieron la posibilidad de conocer parte de la historia de sus pueblos y comprender que la identidad cultural se construye y se mantiene cuando las nuevas generaciones reciben el conocimiento de quienes las precedieron.
Cinco pueblos, un mismo territorio.
La presencia de los pueblos Pastos, Uitoto, Inga, Muisca y Yacona demuestra que la diversidad indígena es una realidad viva en la localidad.
Cada comunidad aporta una mirada diferente y, al mismo tiempo, todas pueden encontrarse alrededor de principios comunes; el respeto por la vida, la importancia de la comunidad, el valor de la palabra, el reconocimiento de los mayores y la protección de las tradiciones.
Ese encuentro representa una oportunidad para continuar fortaleciendo los espacios de participación y diálogo intercultural.
Una comunidad no se construye cuando todos piensan igual. Se construye cuando somos capaces de escuchar al otro, reconocer sus diferencias y encontrar caminos comunes.
Más que competir, compartir
Los juegos tradicionales tienen una característica que merece ser destacada: aunque existe la competencia, su verdadero valor está en el encuentro.
Hoy seguramente hubo ganadores y participantes destacados, pero el mayor triunfo fue colectivo.
Ganó la cultura.
Ganó la memoria.
Ganó la participación.
Ganó la posibilidad de encontrarse.
Y ganaron especialmente las nuevas generaciones, que pudieron observar que las tradiciones no son piezas de museo, sino expresiones vivas que pueden mantenerse vigentes cuando la comunidad decide protegerlas.
Un mensaje para las nuevas generaciones
A los niños y jóvenes que participaron en esta jornada les corresponde una tarea fundamental: recibir, valorar y continuar transmitiendo estos saberes.
El mundo cambia rápidamente y las nuevas tecnologías hacen parte de nuestra vida cotidiana. Pero avanzar hacia el futuro no significa abandonar nuestras raíces.
Una sociedad verdaderamente moderna es aquella que puede utilizar las nuevas herramientas sin perder su memoria, su identidad y sus valores.
Por eso, los juegos tradicionales pueden convertirse también en una herramienta educativa, cultural y de participación comunitaria.
La salud también se construye en comunidad
Desde la perspectiva de la Revista ABC de la Salud, este tipo de encuentros tienen además una dimensión relacionada con el bienestar.
La salud no puede entenderse únicamente como ausencia de enfermedad. También comprende el bienestar físico, emocional, social y cultural.
Participar, compartir, realizar actividad física, fortalecer los vínculos familiares y comunitarios, recuperar prácticas culturales y sentirse reconocido dentro de un territorio son elementos que contribuyen a una vida más saludable.
En ese sentido, los juegos tradicionales representan una alternativa para promover hábitos de vida activa y, simultáneamente, fortalecer el tejido social.
Una invitación a seguir encontrándonos.
Los IV Juegos Tradicionales de los Pueblos Indígenas dejan una enseñanza que merece permanecer más allá de esta jornada; la diversidad no es un problema que debamos resolver; es una riqueza que debemos aprender a compartir.
Pastos, Uitoto, Inga, Muisca y Yacona tienen sus propias historias y particularidades, pero hoy demostraron que es posible encontrarse, compartir y construir comunidad desde el respeto.
Que estos juegos continúen creciendo.
Que los mayores sigan enseñando.
Que los jóvenes sigan participando.
Que los niños sigan jugando.
Y que la comunidad entera siga entendiendo que la cultura, la participación y la convivencia también son caminos para construir salud y bienestar.
Porque cuando un pueblo conserva su memoria, no solamente protege su pasado; también está construyendo su futuro.
Revista ABC de la Salud
Informar, formar y acompañar a la comunidad desde la participación, la salud y el reconocimiento de nuestros territorios y sus saberes.
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