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Hay programas que pueden explicarse a través de cifras, metas e indicadores. Pero también existen experiencias que necesitan ser contadas desde las personas, desde las calles y desde aquello que ocurre cuando una comunidad tiene la posibilidad de sentarse a conversar, proponer y construir.
Ese es uno de los sentidos que Santiago Trujillo, secretario de Cultura de Bogotá, encuentra en Barrios Vivos, una estrategia que, según explica, parte de una idea sencilla pero desafiante: conversar con la gente para soñar en equipo y buscar la manera de hacer realidad esos sueños.
En entrevista con la Revista ABC de la Salud, Trujillo habló de los aprendizajes que le ha dejado el contacto directo con diferentes territorios de Bogotá y de la importancia de recuperar algo que considera fundamental para la relación entre las instituciones y la ciudadanía: la confianza.
“Creo que se había perdido la confianza”
Para el secretario de Cultura, uno de los principales retos ha sido reconstruir la relación entre las comunidades y las instituciones.
“Yo creo que se había perdido la confianza”, señala. Desde su perspectiva, muchas personas estaban cansadas de escuchar promesas que no se concretaban y de encontrarse con funcionarios que, en determinados momentos, no tenían capacidad para tomar decisiones.
Por eso, explica, uno de los aprendizajes de Barrios Vivos ha sido entender que la relación con las comunidades debe construirse también desde la sinceridad.
“En el proceso hemos sido muy sinceros en las buenas y las malas”, afirma.
Y esa sinceridad implica reconocer que no todo sale como se espera, que existen dificultades y que una comunidad no necesariamente recibe cada intervención institucional de la misma manera.
Pero precisamente allí aparece otro aprendizaje: escuchar también cuando existen críticas, desacuerdos o inconformidades puede servir para mejorar.
Del problema a la oportunidad

Una de las reflexiones que más destaca Trujillo es el cambio en la manera de mirar los territorios.
Más que concentrarse exclusivamente en las necesidades, plantea la posibilidad de reconocer aquello que ya existe en las comunidades.
“Lo que tenemos en los Barrios Vivos son oportunidades, talento, capacidad de trabajo y, a veces, no lo ves”, expresa.
La afirmación pone sobre la mesa una pregunta importante para la participación social: ¿qué sucede cuando las comunidades dejan de ser vistas únicamente como receptoras de programas y comienzan a ser reconocidas como protagonistas y creadoras?
En los barrios existen conocimientos, liderazgos, iniciativas culturales, deportivas, ambientales y sociales que muchas veces permanecen dispersos. La apuesta de la cocreación consiste, precisamente, en generar espacios donde esas capacidades puedan encontrarse.
De acuerdo con Trujillo, algunas necesidades han podido abordarse mediante estrategias innovadoras y, especialmente, a través de la colaboración social.
Aprender a construir acuerdos en medio de las diferencias
La participación también tiene una dificultad inevitable: no todos pensamos igual.
Y para el secretario, aceptar esa realidad es fundamental para avanzar.
“Tenemos que ser capaces de lograr más acuerdos en los consensos”, plantea.
No se trata, necesariamente, de que todas las personas terminen pensando de la misma manera. Por el contrario, una de las enseñanzas que destaca es la necesidad de aprender a construir acuerdos en medio de las diferencias.
“No siempre todos podemos ganar, no siempre todos podemos estar de acuerdo”, señala.
En esa frase aparece uno de los desafíos de cualquier proceso de participación ciudadana: pasar de la discusión permanente a la construcción colectiva.
Porque participar no significa solamente tener la posibilidad de expresar una opinión. También significa escuchar al otro, reconocer las diferencias y encontrar puntos de encuentro.
Cada barrio tiene una historia
Cuando habla de Barrios Vivos, Trujillo no solamente recuerda reuniones o procesos institucionales. Habla de historias.
Recuerda, por ejemplo, una experiencia en Timiza, donde encontró niños y familias alrededor de un proyecto relacionado con un álbum de fútbol. Más allá del objeto, lo que destaca es la alegría de los niños y la capacidad de una iniciativa comunitaria para generar encuentro.
También menciona la experiencia de unas lideresas comunitarias que hicieron una torta de aproximadamente 70 metros para compartirla con miles de niños durante un festival cultural.
Y recuerda otras imágenes: un pesebre elaborado con botellas recicladas en el sector de Palestina y distintas iniciativas que, desde la creatividad de los propios territorios, terminaron convirtiéndose en experiencias significativas.
Son historias diferentes, pero tienen algo en común: nacen de la gente.
“Cada Barrio Vivo es una historia, es un sueño hecho realidad”, resume.
También hay debate, discusión y diferencias
Pero el relato no pretende presentar los territorios como espacios donde todo ocurre de manera armónica.
El propio Trujillo reconoce que cada proceso puede convertirse también en un escenario de discusión social.
“Cada Barrio Vivo también es un debate, el trámite de una discusión social”, expresa.
Y quizá allí esté uno de los aspectos más interesantes de la experiencia: entender que la participación ciudadana no siempre es cómoda.
Participar implica encontrarse con diferentes posiciones, intereses y maneras de entender el territorio. También significa afrontar conflictos y buscar caminos para resolverlos.
Desde esa perspectiva, la cocreación no consiste simplemente en reunir personas alrededor de una mesa. Implica generar condiciones para que esas personas puedan hablar, escucharse, disentir y finalmente construir.
Más territorio, menos distancia
Trujillo también habla de su presencia en diferentes localidades y de las visitas realizadas durante estos años.
Más allá del número de recorridos, lo significativo de su relato es la idea de acercar la institucionalidad a los territorios.
Una institución puede tener programas, presupuestos, equipos y proyectos, pero la relación con la ciudadanía adquiere otra dimensión cuando sus funcionarios llegan a los barrios, conversan directamente con la comunidad y conocen de primera mano sus realidades.
La cercanía, en ese sentido, no se reduce a estar físicamente en un territorio.
También implica escuchar, dar la cara, reconocer las dificultades y mantener la conversación cuando las cosas no salen como se esperaba.
Una pregunta para el futuro
La experiencia de Barrios Vivos deja una reflexión que va más allá de una administración o de un programa específico: ¿cómo lograr que la participación ciudadana sea una práctica permanente y no solamente una actividad asociada a determinados proyectos?
Para la Revista ABC de la Salud, esta pregunta resulta especialmente importante.
La salud de una comunidad no depende únicamente de hospitales, medicamentos o servicios sanitarios. También está relacionada con la posibilidad de participar, de sentirse escuchado, de construir vínculos, de recuperar la confianza y de incidir sobre las decisiones que afectan la vida cotidiana.
Por eso, hablar de Barrios Vivos también es hablar de participación social, cultura ciudadana y construcción colectiva de territorio.
Santiago Trujillo lo resume desde su propia experiencia: en los barrios no solamente existen problemas que deben ser atendidos. También existen talento, creatividad, liderazgo y capacidad de trabajo.
Quizás uno de los mayores desafíos sea precisamente aprender a reconocerlos.
Porque un territorio cambia cuando sus habitantes dejan de ser solamente espectadores y comienzan a sentirse parte de la historia que están construyendo.
Y en esa historia, cada barrio puede tener algo que decir.
Revista ABC de la Salud
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